La escritura de los seres fugaces

Últimamente he pensado mucho en el alma.

En la muerte.

En Dios.

En la necesidad humana de creer que algo de nosotros sobrevivirá al tiempo.


Y mientras más lo pienso, más me pregunto si todas nuestras ideas sobre eternidad nacieron del mismo lugar: el miedo.


Porque el ser humano es una contradicción hermosa y perturbadora.

Somos diminutos frente al universo… y aun así capaces de imaginar infinitos.

Somos efímeros… pero construimos religiones, promesas y teorías enteras para convencernos de que no desapareceremos del todo.


Quizá por eso me obsesiona tanto la imagen del fuego y el agua.


El fuego cambia de forma mientras arde.

Nunca permanece igual.

Y sin embargo sigue siendo fuego aun cuando consume su propia materia.


El agua tampoco se aferra.

Fluye.

Se derrama.

Se transforma en lluvia, río, lágrima o vapor sin luchar contra ello.


Tal vez nosotros somos ambas cosas.


Fuego intentando durar.

Agua intentando no perderse.


Y quizá gran parte de nuestro sufrimiento nace de querer convertirnos en piedra.

En algo fijo.

Eterno.

Inalterable.


Pero nada vivo funciona así.


El amor cambia.

La identidad cambia.

Las creencias cambian.

Incluso la idea que tenemos de Dios cambia conforme atravesamos el dolor.


Recuerdo que cuando era joven deseaba morir para encontrarme con Dios.

Lo pensaba con una fe absoluta.

Y ahora me sorprende mirar hacia atrás y descubrir cuánto se han transformado mis creencias.


No sé si eso significa que me alejé de la verdad… o que empecé a mirar el misterio sin necesidad de encerrarlo en una respuesta.


Porque tal vez madurar espiritualmente no consiste en acumular certezas.

Tal vez consiste en soportar la incertidumbre sin dejar de sentir asombro.


Hoy ya no pienso tanto en “permanecer”.


Pienso más en experimentar.


En vivir sabiendo que todo cambia.

Que incluso nosotros mismos somos procesos temporales.

Fuego consumiéndose.

Agua fluyendo entre las manos del tiempo.


Y aun así… qué extraño milagro seguir aquí,
habitando este espacio que soy yo misma,
y escribir para no borrar quién soy:

un humano intentando ser eterno.